Hidratos De Carbono

Si hubiera que seleccionar un tipo de alimento en cuanto a su capacidad para asegurar la supervivencia en situaciones de penuria, no quedaría más remedio que seleccionar los hidrato de carbono.

Y es que a pesar de que la actual guerra declarada a todo lo que sea un hidrato de carbono (azúcar, pan, espaguetis, etc.) esté de plena moda, en un intento de luchar contra la obesidad, lo cierto es que son el alimento primordial del ser humano y sin ellos no existiría la vida ni la salud.

Su fuente de procedencia principal son los cereales, tubérculos, las leguminosas y las hortalizas.

Combustión

Su combustión es rápida, completa y sin apenas residuos, proporcionan energía inmediata y prolongada, suministran las vitaminas y minerales precisos, y por supuesto no causan las llamadas enfermedades degenerativas, como ocurre con los excesos de grasas o proteínas.

Su proporción en la dieta ha pasado de constituir un 50% del total a un 70% que empieza a recomendar actualmente.

Composición

Su composición es a base de carbono, hidrógeno y oxígeno, pudiéndose clasificar en simples y complejo cuya división marca claramente el error que los especialistas han tenido, en el sentido de considerarlos por igual, tanto en sus funciones nutritivas, como curativas, como también a la hora de recomendar un régimen calórico adecuado.

Como ejemplos de hidratos de carbono simples tenemos la glucosa de la uva, la fructosa o levulosa de la fruta y la miel, la galactosa de ciertos vegetales y la manosa de algunas raíces.

Estos azúcares simples o monosacáridos son directamente asimilables, sin digestión previa.

Las diferencias entre ellos radican en su tiempo de absorción, siendo más lento para la fructosa y más rápido para la glucosa.

Por contra, la fructosa proporciona más cantidad de glucógeno y por tanto más energía utilizable, y la glucosa tiene el inconveniente de ralentizar el tránsito intestinal.

Todos los azúcares e hidratos de carbono, incluidos los almidones, al terminar la digestión se convierten en glucosa, la cual pasa a sangre por la pared intestinal mediante ósmosis, donde se encamina al hígado por el canal de la vena porta.

Merced a esta víscera, las concentraciones en sangre de glucosa se mantienen estables, siendo almacenado el resto en forma de glucógeno hepático, el cual quedará como energía de reserva para cubrir las demandas necesarias, sobre todo en los ejercicios violentos y rápidos.

Los hidratos de carbono complejos o polisacáridos deben constituir nuestra base alimentaria, ya que en ellos se encuentran los almidones y la celulosa.

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